Hubo
un tiempo en que el fútbol no sólo era un deporte en el que 22
tipos trataban de introducir una pelota en una portería pateándola.
Un tiempo en el que este deporte significaba muchas mas cosas que
sólo pasar un buen rato y entretener a los aficionados con un juego
mas o menos estético.
El
mundo vivió un siglo veinte convulso, y el fútbol, como un aspecto
mas de la vida, no pudo mantenerse al margen. Muchos futbolistas,
entrenadores o directivos se vieron forzados a usar el balompié como
una manera para pelear contra la barbarie y la injusticia.
Guerras,
represión y cambio fueron síntomas de un siglo que vio como el
planeta se reorganizaba para enfrentarse a los retos del futuro.
El
deporte era un arma propagandística, capaz de movilizar a miles de
personas en pos de un objetivo común, ya fuese salir victorioso en
una competición o destruir un gobierno.
En
este contexto queda inserta la historia que hoy me ocupa. La historia
de un hombre que no pudo evitar ser quien era, ni siquiera jugando a
fútbol.
Matthias
Sindelar nació allá por 1903 en el antiguo Imperio Austro-Húngaro.
Desde muy pequeño comenzó a destacar por sus dotes como futbolero
y con apenas 15 años ficha por el Hertha Viena. Comienza a destacar
marcando goles como delantero centro y al año siguiente lo firma el
equipo mas importante de su país, el Austria de Viena.
Es
aquí cuando comienza a labrarse su leyenda, la de un delantero fino
y elegante con una facilidad pasmosa para hacer gol. Poco a poco, gol
tras gol, se gana su apodo “el Mozart del fútbol”.
Se
incorpora a la selección austriaca y con ella disputa disputa
partidos contra las principales selecciones europeas. Vencen a
Alemania a Francia o a Hungría con facilidad, Sindelar destaca como
goleador y empieza a aparecer en las listas de los mejores jugadores
del mundo. Participa en el mundial del año 1934 donde Austria es
apeada en semifinales por un mal arbitraje.
Sindelar
era una estrella mediática. Fue el primer futbolista en protagonizar
anuncios y todo el mundo lo adoraba en su país. Manchester United o
Inter de Milan intentaron ficharlo pero el Mozart del fútbol nunca
quiso abandonar su Austria natal.
Sin
embargo llegó el año 1938. Hitler se anexionó Austria y tomó las
riendas del país.
Matthias
era muy contrario a las políticas nazis con los judíos y decidió
que no iba a apoyar a un sistema tan cruel.
En
ese año se tenía que disputar el denominado “partido final”
entre Austria y Alemania porque a partir de ese día ambas
selecciones jugarían como una sola. En ese partido se llegó al
acuerdo de empatar a cero para demostrar la amistad entre ambos
países, sin embargo Sindelar no pudo desaprovechar la oportunidad
para humillar a los nazis con aquello que sabía hacer, marcar goles.
Finalmente
el partido acabó con un 2-1 a favor de Austria y Matthias marcó uno
de los goles que celebró delante de la grada nazi. Nunca se lo
perdonarían.
La
nueva y poderosa selección alemana comenzó a convocarlo para jugar,
pero Sindelar se negaba a enfundarse esa camiseta que representaba la
opresión sobre el pueblo judío. Las autoridades alemanas comenzaron
a preocuparse porque el delantero vienés era muy famoso e influyente
en el pueblo austríaco. Temían que fuese la chispa que encendiese
una revuelta justo a unos meses de comenzar la 2º guerra mundial.
En
Enero de 1939 Matthias Sindelar, delantero, mejor jugador de la
historia de Austria y uno de los mas importantes del mundo aparecía
muerto junto a su novia en su apartamento de la capital vienesa.
Nunca se esclarecieron los motivos de la muerte pero a su funeral
asistieron 15.000 personas.
El
cuerpo del Mozart del fútbol descansa en el mismo cementerio donde
descansan grandes genios como Beethoven, Schubert o Salieri. Como si
la vida quisiese darle un último homenaje haciéndole descansar
eternamente donde descansan los genios.
@marianodiazsan