En las
últimas semanas hemos podido ver como Ucrania se ha convertido en el país mas
nombrado en occidente. Hemos visto cómo cambiaba de gobierno y al poco era
invadido por un país vecino. Muertes, catástrofe económica y vientos de guerra
son el contexto con el que se levanta cualquier ciudadano ucraniano en estos
días aciagos.
Son tiempos
difíciles para un país acostumbrado a la tragedia, una nación que ha sido de
las más castigadas a lo largo de la historia.
Desde este
blog queremos hacer un homenaje a ese pueblo que hoy tan mal lo está pasando
bajo la incertidumbre de un violento giro del destino.
Corría el
año 1942. Las tropas alemanas habían tomado la ciudad de Kiev y Ucrania se
había convertido en el patio trasero de los nazis. La Gestapo mostró su
crueldad con especial ímpetu en aquellas tierras fusilando a aldeas enteras o
colgando a partisanos de árboles mientras sus hijos miraban. Los judíos, muy
presentes en Ucrania, eran ajusticiados a miles por las waffen-ss y todo
atisbo de rebelión era aplastado con puño
de hierro.
En la
capital se concentraban numerosas tropas preparando el asalto final al resto de
la URSS. Tropas de distintos países aliados con Alemania se concentraban en
Kiev y solían matar el tiempo libre jugando partidos de fútbol. Se creó una
especie de liga no oficial entre los conjuntos que se habían formado y jugaban
entre sí para demostrar su valía.
Antes de la
invasión nazi la ciudad de Kiev contaba con uno de los mejores equipos del
sistema soviético, el Dinamo de Kiev. Un equipo que estaba formado por grandes
jugadores y que tuvo que disolverse tras la ocupación de los ejércitos
alemanes.
Los
jugadores de este Dinamo mítico habían participado en la defensa de la ciudad y
optaron por huir ante la presencia enemiga.
Sin embargo,
un aficionado del Dinamo, Iosif Kordik, propietario de una panadería, reconoció
al portero de su equipo un día mientras paseaba con su esposa. Mykola
Trusevych, que así se llamaba el portero, vivía en la calle sin más sustento
que la comida que los vecinos podían darle.
Kordik no
lo dudó, le ofreció trabajo en su panadería pero lo hizo con la condición de
que reuniese a aquel Dinamo (o lo que quedase de él) para jugar de nuevo a
fútbol.
Trusevych
confirmó el trato y se dedicó a la
panadería y a buscar a sus viejos compañeros de pelota.
Unas
semanas más tarde había logrado reunir a 8 futbolistas del antiguo Dinamo. Para
completar el once se vio obligado a contar con tres jugadores de otro equipo de
la ciudad, el Lokomotiv Kiev.
Kordik no
cabía en sí de gozo. Bajo su patrocinio y con la ayuda de Trusevych habían
logrado reunir a un gran equipo al que decidieron llamar FC Start. No tardaron
en retar a los equipos de la ciudad para demostrar su nivel.
El 21 de
junio jugaron contra un equipo formado por soldados húngaros. Vencieron por 6 a
2. Una semana más tarde se enfrentaron a soldados de artillería rumanos que
perdieron por un escandaloso 11-0.
Así, un
equipo tras otro, un partido tras otro, fueron agrandando la leyenda de un
equipo totalmente ucraniano que era invencible, incluso para los ejércitos
extranjeros.
Los
jerarcas nazis vieron en el FC Start una oportunidad para aplastar las ansias
de rebelión que pudieran quedarle a los ciudadanos de Kiev. Para ello
decidieron organizar un partido entre una selección de jugadores de la Wermacht
y el Start. El partido debía disputarse el 6 de Agosto.
El Flakelf
(así se llamó la selección del ejército alemán) estaba confiado. Sin embargo se
encontraron con un equipo imbatible, cargado de fe y de ilusión. Representando
las ansias de resistencia del pueblo ucraniano contra las tropas invasoras. El
primer periodo acabó con un 3-1 a favor del Start.
Entonces un
oficial nazi bajó al vestuario del conjunto ucraniano para indicarles que si no
bajaban el pistón y se dejaban ganar en la segunda parte, serían fusilados. Un
incómodo silencio inundó el vestuario y el siniestro alemán se marchó. Tomó la
palabra el capitán del equipo, Trusevych, y discutieron que debían hacer.
Llegaron al acuerdo de ganar el partido aún a riesgo de sus vidas.
El partido
terminó con un sorprendente 5-3. Goncharenko, Kuzmenko y Klimenko fueron las
estrellas del partido y la victoria fue festejada hasta altas horas de la
madrugada.
El 16
de agosto, con el estadio lleno, el
Start volvió a disputar un encuentro. En este caso frente al Rukh, un equipo
formado por soldados de distinta procedencia. Vencieron de nuevo por un tanteo
de 8-0. Los altos oficiales de la Gestapo no podían aguantar más humillaciones
y tras el encuentro detuvieron a la mayoría de los jugadores del Start. Los
acusaron de ser agentes encubiertos del NKVD (servicio de inteligencia
soviético). Uno de los jugadores arrestados murió bajo tortura, Mykola
Korotkykh. El resto fue enviado a un campo de concentración. Trusevich junto
con Kuzmenko, Klimenko y Keehl serían asesinados por los soldados del campo en
Febrero de 1943. Otros, como Putisin o
Mielnizhuk
desaparecieron y nunca se supo más de ellos.
Tras la
segunda guerra mundial, los jugadores de ese equipo de leyenda fueron
festejados como héroes. La historia de Ucrania les reconoció su espíritu de
resistencia frente a la brutal ocupación nazi.
Hoy he
querido recordar esta historia para reconocerle a los ucranianos su capacidad
de lucha frente a la opresión y a la barbarie. Porque seguro que Putin os podrá
robar Crimea, podrá plantar tropas a las puertas de Kiev o amenazaros con
dejaros sin suministros de gas, pero no podrá nunca callar el corazón de los
mismos hombres que un día hace ya algunas décadas fueron capaces de ganar en un
campo de fútbol la dignidad que la historia les había robado en los campos de
batalla.
@marianodiazsan