Analizando el partido City - Barça del pasado martes, hay un aspecto
que se suele desdeñar cuando se habla del resultado, no sólo
numérico, sino del juego.
El equipo de Martino ya no es aquel que ha dominado Europa con Pep,
no brilla de ese modo, quizás harían bien los eternos comparadores
en hacer borrón y cuenta nueva. Y no sólo porque no esté Pep,
probablemente porque era imposible. El tiempo ha dado paso a un
equipo que se está redefiniendo, que era algo más o menos legible
el tiempo sin Messi y que ahora se vuelve a ajustar a la
omnipresencia del argentino.
No fue en el Etihad un equipo muy superior, de hecho hasta la
expulsión fue ligeramente peor que el City. Pero compite bien,
aguanta con frialdad cuando no tiene el control y penaliza con mano
de hierro cualquier concesión del rival. Quizás esta sea una de
las claves en Europa, la veteranía concede dosis de paciencia que no
tienen los novatos en cualquier disciplina. Así pareció el conjunto
de Pellegrini, un principiante prometedor que presentó dignamente
sus credenciales a la élite, y acabó atropellado, al borde del KO.
Los culés han ganado tanto en escenarios tan dispares, que no
parecen aturdirse al recibir un par de ganchos amenazantes. Sostienen
la mirada de cualquiera, por más asesina que parezca, son perros
viejos, algunos tal vez no en edad, pero sí en campeonatos
disputados hasta el final. El Tata, para bien o para mal, sin
demostrar demasiadas capacidades tácticas sobre el tapete, les
recuerda como ser mortales, cómo competir y como aguijonear
letalmente con lo que nunca se pierde, la calidad.
@davidwences