viernes, 22 de noviembre de 2013

No es cualquier derbi



Conocemos muchos derbis en el mundo, leemos algunas particularidades, los de Manchester últimamente tienen otro tono, poco de la casa, los de Roma siempre tuvieron su tono político, pero Sevilla parece distinta. El parón anticipa  juego de miradas en el café entre rivales y vecinos.
En mi caso, algunos conocidos me consultan, de ambos lados, simulan preguntarme por creer  que algo entiendo y sin embargo buscan algún resquicio en mi frio análisis que les anime, ya saben que tan sólo, a veces, intento trazar las claves, pero respuestas, esas sólo las tendrá el partido.
Apenas me dicen, “¿como lo ves? “ Otros incluso espetan  “¿qué?”  y lo acompañan con ese movimiento de cabeza con el que tú tienes que sobreentender todo lo demás. Interpretas que preguntan si Rakitic empezará en el doble pivote o lo hará de enganche (¿cuánto pesará la repesca en sus piernas?),  si Vadillo debe ser siempre titular y si Verdú no cuaja con la clase que tiene… ¿Será el duelo Moreno-Vadillo lo más atractivo que se viene? ¿Estará Rubén para aportar?, cualquier rato puede ser mucho .
Tratas de insistir en la importancia de otras cosas, de la necesidad, de la herida de la manita que pervive y unos se regodean y otros lo evitan más o menos disimuladamente, hablas de lo que puede significar cómo se llega mentalmente y tampoco parece que importe. Pero lo hace, lo que no está claro es cómo se cambia desde el mismo estado inicial en función del transcurrir del partido.
 En fin, como voy a ser padre y acudo con mi mujer a la consulta de obstetricia, no evito durante la espera escuchar conversaciones de otras futuras madres y abuelas. La última vez, las que estaban justo al lado, no hablaban de bebés, hablaban de horarios(los maldecían), de sensaciones previas al derbi, recordaban con nostalgia, otros pasados. Lo contaban familiar, lo sentían parte de ellas. Eran béticas, sabían de que iba esto. Dudaban, claro.
Yo, en sus palabras, redescubría  entonces, lo genuino de este derbi.
                                                                                                                      @davidwences

jueves, 21 de noviembre de 2013

En el despacho presidencial


Sentado en el despacho presidencial el viejo sátrapa observa los dominios del mundo que ha construido con sus propias manos a base de sangre y fuego. Sus tierras son un país de África y a sus 71 años puede vanagloriarse de haber sentido la medida exacta de lo que debe sentir Dios.
Lo ha probado todo, ha comido los mejores platos y bebido los vinos mas caros. Ha disfrutado de la belleza de cientos de mujeres y se ha permitido dar a su familia todo lo que hay en este mundo para que lo disfruten.

Hace tiempo que dejó el desgobierno de la nación a otros, a sus leales y fieles servidores. No se preocupa por las pequeñeces del día a día, ni siquiera de la pobreza endémica de sus ciudadanos. Es un tirano cansado que sólo de vez en cuando demuestra su poder.
Sin embargo el vetusto dictador sigue teniendo una sensación de incomodidad en las tripas, una ansiedad que no ha quedado satisfecha. Y todo ello a pesar de su último exceso, autoproclamarse presidente tras ganar unas elecciones con el 99% de los votos a su favor y numerosas quejas de manipulación.
Sigue sintiendo el mono del poder excesivo, sigue teniendo ganas de demostrar quien manda aquí.

Unos minutos mas tarde entra en el despacho el asistente de cámara, trae los periódicos del día. Los deposita en su mesa y con gesto displicente se retira en silencio.
El déspota hojea el Marca. Una foto tras otra de jugadores del Madrid y asuntos de la selección. Vuelve a llamar a su asistente, se le ha ocurrido una idea.

Unos meses mas tarde la selección española, campeona del mundo y toda vestida de rojo se enfrenta a la frágil selección del país del viejo tirano. Sólo ha costado unos cuantos millones de euros pero el viejo ha conseguido de nuevo que todo se haga según su deseo.
Toda una selección campeona del mundo se ha rendido al poder absoluto del tirano, los mejores jugadores de España en la capital de ese pequeño país.

De nuevo, cómo si de una prostituta se tratase, sólo se ha necesitado un puñado de monedas para satisfacer al sátrapa que demuestra que España no sólo es el mamporrero de Europa, sino que es el mamporrero de todo aquel que tenga un par de monedas para pagar sus servicios.
Mientras tanto la selección engorda y se hace lenta jugando contra demonios del pasado, intentando averiguar cómo nos lucirá el pelo cuando lleguemos a Brasil.

@marianodiazsan