Sucede a veces que la actualidad, por más sospechosa que parezca,
nos la decoran de tal forma, la envuelven de tal manera en papel de
regalo, que nos quedamos con cara de tontos por ver algo ajeno a la
normalidad. Oye, ¿pues no ha robado este? Y te responden
indiferentes ¿lo tomabas sólo o con leche? Vale.
Algo así me ha pasado con la supuestamente impecable dimisión de
Rosell, hecho en sí muchísimo más extraño de lo que parece. Oiga
que esto es España: “¿dimitir yo? ¿dimitir de qué?” Pues sí,
a uno no puede más que resultarle sospechoso que ante un “supuesto”
delito, alguien dimita de uno de sus puestos soñados sin más. El
caso es que debajo del ruido de medios interesados o desinteresados,
poco análisis riguroso de la transición en forma de abrazo y
rápido carpetazo. Ahi te dejo el sillón, Bartomeu, take care! A
cualquiera que entienda eso de las reglas democráticas, esto le
parecerá una barbaridad, porque a este tipo no lo eligió nadie. Lo
correcto es anticipar las elecciones y que se gane la legitimidad el
listillo de turno, pero vamos, que como la pelota entra… Al final
es así, en el césped, a la espera del City, se vive en la calma de
la hegemonía que impone el retorno de Messi, los resultados van
cuadrando, no hay grandes dosis de brillantez, pero en el verde
iluminan la escena y las miradas apenas atienden de soslayo quien se
sienta en la zona noble. Lo que pasaría si se torciera la cosa ahí
abajo, eso sería otra historia.
@davidwences.