sábado, 19 de octubre de 2013
viernes, 18 de octubre de 2013
Brasil 2014 en el horizonte
Hace nada hablábamos de absurdas maldiciones y nos lamentábamos de
arbitrajes, cual perdedores, que impotentes, miran hacia fuera para
no mirarse a sí mismos, sin pararnos a ver en el fútbol o en su
ausencia, la verdadera respuesta a casi todo.
Hoy nos regodeamos en la estrella, le buscamos refugio, y pensamos en
su defensa, aun siendo conscientes de la dificultad de tal empresa.
Brasil nos espera, una vez los trámites de la semana nos confirman
que salvamos con solvencia la ronda previa. En realidad, aunque no
deja de tener cierto valor el resto, entre tú y yo, todo pasó por
Saint-Denis.
Desempolvamos banderas (¿aguantaron el temporal en el balcón?) y
recuerdos y perfilamos un once parecido al que nos hizo tocar la
cima. Aunque nunca será lo mismo, porque ni siquiera con los mismos
lo sería, porque eso es el fútbol, tan mágico que nunca los mismos
equipos con los mismos onces, jugaron el mismo partido.
El tiempo pasa y lo hace de forma dramática por alguno de los
pilares de nuestro equipo, como aquel Puyol que bajó del cielo para
castigar a balón parado a una Alemania creciente. ¡Cuánto se echa
de menos su físico! Sobre todo cuando más se necesitaba su cabeza.
En aquellos bloques de hielo que tocaban el balón impertérritos,
ajenos a cualquier presión, la edad será un handicap. Por ejemplo,
¿será posible vivir sin Xavi? ¿Será mejor malvivir con él? Era
tanta la seguridad que mostraban, que los nervios eran para el
aficionado, ellos transitaban sin incertidumbre, con el aplomo del
que parece competir desde hace siglos.
Más allá de que vaya Costa o Negredo, se juegue con uno o dos
extremos, un falso nueve o nueve puro, la idea se centra en el
balón, en el toque, paciencia para el ataque y si es posible
tenerlo también para defender, nunca nadie usó tan bien la llamada
posesión defensiva.
Fríamente pensado, el objetivo no es ganar (que oye, ¿por qué
no?), sino consolidarse como uno de los grandes, dejar el sello
definitivo, demostrar la competitividad de Alemania o Italia, dejar
claro al mundo que no nos moveremos del estatus privilegiado que
empezó a forjarse en Viena, allá por 2008.
@davidwences
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