(Este artículo fué publicado por primera vez en octubre de 2013)
Vivimos
tiempos difíciles. Tiempos complicados en los que la sociedad se ve
sumergida casi hasta el ahogo en la temida crisis. Problemas económicos
derivados de las cifras demoledoras de paro, sufrimiento con la pérdida
de los hogares y con la pobreza más absoluta. Sin otra esperanza que el
propio paso del tiempo.
Mientras tanto los poderes establecidos, como
siempre desde que el mundo es mundo, abusan de su posición dominante
para conseguir más riqueza y atesorar más control sobre una sociedad
esclavizada por el miedo. La corrupción soez de los políticos lo mancha
todo y convierte en sucio el noble arte de la res publica.
En
el mundo del balompié no son las cosas muy distintas. Los poderosos
clubes siguen controlando cualquier movimiento en la liga de fútbol
profesional y dominando, por tanto, todo el aspecto deportivo.
Adulteran
la competición y utilizan el dinero de los derechos televisivos para
hacer la diferencia deportiva cada vez más sangrante.
Ante estos
hechos consumados el mundo sólo puede responder con la esperanza, con la
fe en nuestras posibilidades como ciudadanos de hacer las cosas bien,
de hacerlas distintas y luchar contra el poder establecido para hacer
cierta esa máxima de que los sueños se pueden hacer realidad.
En esto del fútbol se ha encajado un equipo indignado.
Un equipo de los que creen que otro fútbol es posible y de que el poder está para
derrocarlo, el Atlético de Madrid.
Capaz de atacar al Real Madrid en su propio estadio para hacerle retroceder en la clasificación, capaz de toserle al mismísimo Barcelona. Un
equipo
de rabia, de casta y de gente preparada que está dispuesta a asaltar el
poder, arrebatar la liga a Madrid y Barça y demostrar al mundo que,
como en la vida, otro fútbol es posible.
@marianodiazsan
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