En
cierto modo si existe este blog es para intentar explicarme porque a
mí y a otros muchos nos gusta el fútbol. Al fin y al cabo no es más
que un deporte, un juego entre adultos al que tendemos a darle más
importancia de la que tiene.
Sin
embargo millones de personas alrededor del globo, en un idioma u otro
aman este deporte. Sienten una pasión desmembrante por las estrellas
de sus equipos y a duras penas conciben una semana sin ver jugar a su
equipo. En muchos países del mundo el fútbol es el deporte más
extendido y muchas personas se levantan cada mañana y toman un café
mientras hojean un periódico buscando noticias de su equipo
preferido.
Toda
esta pasión masiva ha llevado a convertir al balompié en un enorme
y mastodóntico negocio capaz de generar enormes sumas de dinero. Las
ventas de camisetas y merchandising o la venta de derechos de emisión
de partidos han convertido al fútbol en un negocio más que
rentable.
En
otro orden de cosas el enfrentamiento entre clubes o selecciones
nacionales ha provocado encontronazos entre aficiones. La violencia,
una cosa tan humana, también ha aparecido en esto del fútbol.
Muertes, amenazas y agresiones han articulado una parte de este
deporte que es tan difícil de explicar.
El
fenómeno futbolero es complejo y diverso. Difícilmente se puede
entender todo este enorme mundo que se ha generado alrededor de este
deporte.
Siempre
me he preguntado qué es lo que ha logrado que este entretenimiento
haya levantado tantas pasiones. Que es lo que tiene en su esencia que
le ha convertido en el deporte más seguido del planeta.
Desde
que existe este blog me he venido haciendo esta pregunta hasta que no
hace mucho encontré la respuesta.
Hace
cosa de un par de semanas volví a jugar un partido de fútbol
después de años que no lo hacía. Volví a calzarme unas botas y
una equipación. Volví a tocar un balón.
Se
trataba de un partido con compañeros de trabajo. Ninguno de nosotros
somos futbolistas ni nunca lo fuimos. Nuestra torpeza practicando
este deporte es antológica, pero sin embargo cuando saltas al césped
y miras a tu alrededor sabes que juegas a lo mismo que Messi, que
sientes esa sensación al tocar el balón, que intentas practicar una
estrategia.
Terminé
aquel día destrozado. Agujetas por todas partes y dolores en fibras
de mis piernas que desconocía pero por fin entendí porque ha
llegado a ser tan importante esto del fútbol. Por esa sensación que
se tiene al marcar un gol, por la otra que se siente cuando pierdes
en el último minuto. El juego colectivo, el olor del césped y la
belleza de una jugada. Eso y solo eso es fútbol.
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