viernes, 17 de enero de 2014

Ambición y egoismo

Hace años me atraía más la concesión del balón de oro. No digo que no me resulte ahora interesante, digo que cuando compruebas la necesaria implicación del colectivo para cualquier hazaña individual, ese premio adquiere un componente injusto. En cualquier caso tampoco es cuestión de dramatizar, vende y se promociona por ello. Tanto es así que la FIFA, al fracasar en su idea de imponerse al que daba la revista France Football, se unió a él y hoy se vota un único premio que centra cada año todo el foco futbolístico en estos días de enero, máxime cuando la consecución de los títulos queda aún lejos.

En estos años, vistos que los máximos aspirantes vienen estando en el Barça y RM, parece una cuestión más que enfrenta a ambos clubes, como otro título, así se siente por la presión con la que lo valoran.

Lo peor para el RM, es que el tratamiento del portugués, esa forma de quebrarse emocionalmente al recibirlo, no indica si no una inclinación por lo individual que dista mucho del carácter necesario de este deporte.  Tratan muchos de valorar cada parámetro cuando evalúan el nivel del jugador: salto, velocidad, disparo, regate… No es eso, no es tan científico, es más importante cómo se ve el fútbol en la cabeza.

La gran mayoría de galardonados se sienten emocionados, satisfechos, pero para Cristiano pareció una liberación, un logro que saciaba su aspiración, su ambición, más allá de algún (muchos?) título(s) colectivo(s). La ambición que te lleva a ser mejor es positiva, sin embargo,  esa sensación de egoísmo que desprende su reacción, esa que parecía superada en el campo, sigue interiorizada, le ofusca en determinados períodos,  y esa, en parte, le impide ser el mejor. 

                                                                                                                              @davidwences

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