Hace años me
atraía más la concesión del balón de oro. No digo que no me resulte ahora
interesante, digo que cuando compruebas la necesaria implicación del colectivo
para cualquier hazaña individual, ese premio adquiere un componente injusto. En
cualquier caso tampoco es cuestión de dramatizar, vende y se promociona por
ello. Tanto es así que la FIFA, al fracasar en su idea de imponerse al que daba
la revista France Football, se unió a él y hoy se vota un único premio que
centra cada año todo el foco futbolístico en estos días de enero, máxime cuando
la consecución de los títulos queda aún lejos.
En estos
años, vistos que los máximos aspirantes vienen estando en el Barça y RM, parece
una cuestión más que enfrenta a ambos clubes, como otro título, así se siente
por la presión con la que lo valoran.
Lo peor para el RM, es que el tratamiento del
portugués, esa forma de quebrarse emocionalmente al recibirlo, no indica si no
una inclinación por lo individual que dista mucho del carácter necesario de
este deporte. Tratan muchos de valorar
cada parámetro cuando evalúan el nivel del jugador: salto, velocidad, disparo,
regate… No es eso, no es tan científico, es más importante cómo se ve el fútbol
en la cabeza.
La gran mayoría de galardonados se sienten
emocionados, satisfechos, pero para Cristiano pareció una liberación, un logro
que saciaba su aspiración, su ambición, más allá de algún (muchos?) título(s)
colectivo(s). La ambición que te lleva a ser mejor es positiva, sin embargo, esa sensación de egoísmo que desprende su
reacción, esa que parecía superada en el campo, sigue interiorizada, le ofusca
en determinados períodos, y esa, en
parte, le impide ser el mejor.
@davidwences
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