Te
llamas Jose Antonio Caro Martínez. Tienes 20 años y naciste en
Estepa, ciudad del mantecado. Es 3 de Noviembre y has despertado un
poco desubicado. Estás en la habitación de un hotel en Málaga y no
estás acostumbrado a dormir en una cama que no sea la tuya. Y mucho
menos cuando tienes que compartir la habitación con un casi
desconocido de metro noventa llamado Damien.
Tienes
la sensación de no haber pegado ojo y vas al baño a echarte un poco
de agua en la cara, queda poco para que suene el despertador. Te
sigues sorprendiendo de como ronca ese tal Damien y te miras al
espejo. Todo normal, tu cara, tus orejas, tu mirada lánguida. Todo
habrá pasado a eso de las once de la noche y podrás marcharte a
casa para seguir con tu vida normal.
Suena
el despertador y el gigantón rubio de la cama de al lado se
despierta. Jose Antonio se dice a si mismo: Que empiece el
espectáculo.
Todo
sucede muy deprisa. Das un paseo por Málaga con otros 20 tíos,
almuerzas ligero, echas una siesta, te montas en un bus y te plantas
en la Rosaleda.
Menuda
pérdida de tiempo, te dices. No jugaré. Hubieras preferido ir con
el B que tanto se juega en su partido de tercera división.
Comienza
el partido y has dejado de llamarte Jose Antonio Caro Martínez para
llamarte simplemente Caro. Da igual de donde vienes o tu edad. Eres
el central suplente del Betis y juegas ante el Málaga un partido
crucial.
En el
minuto 54 un tipo malencarado llamado Olinga le mete un cabezazo en
la mandíbula al que esta mañana dormía en tu habitación. Tú aún
no lo sabes pero tu vida ha cambiado para siempre.
Ves a
Damien Perquis salir en ambulancia y tienes que ocupar su lugar, los
segundos pasan despacio, todo el trabajo de tantos años por fin
tienen fruto. Debutas con el Real Betis Balompié en Primera
División.
Deseas
con todas tus fuerzas que el tiempo pase rápido y todo salga bien.
Sin embargo el partido es difícil y termináis perdiendo, como casi
siempre en esta temporada.
Pero
el entrenador está contento con tu trabajo. Te hace debutar en
Europa, juegas muy bien y conseguís la victoria.
Sientes
vértigo, una sensación de mareo rara que te sube de las entrañas.
Y, de
repente, el Barça. El árbitro pita el comienzo. Sientes el sonido
del silbato en el pecho. Pones en orden la cabeza y piensas, piensas
con toda la frialdad que te concede la situación una situación tan
ajena. Pero sabes que eres capaz de todo, de ser titular en el Betis.
De
repente, en un lance del juego, le entras a un tipo y le quitas el
balón, levantas la cabeza tras la jugada, es Messi.
No
puedes creer que hace un par de semanas estuvieras jugando en Tercera
frente al Cádiz B y que ahora, justo ahora, le sostengas la mirada a
Lionel Messi. Y además le sostienes la mirada sabiendo que te puedes
permitir ese lujo porque le has quitado la pelota al mejor del mundo
y porque estás haciendo un gran trabajo. Has sabido aprovechar la
oportunidad que te brindó el destino en La Rosaleda para cambiar tu
pequeña parcela de mundo. Estás orgulloso de ti mismo y sueñas,
sigues soñando.
@marianodiazsan
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