viernes, 8 de noviembre de 2013

Sobrevivir, pues.


Parece un siglo desde aquel inicio esperanzador, ilusionante del Betis de Mel. En el Bernabeú se fue saboreando la dulce derrota, pues parecía sustentarse en principios sólidos, expuestos sobre el césped, sin reducirse a teóricos teoremas; poco después en la uefa (me resisto a llamarla de otra forma) se tambaleaba, y aun así, pareció asirse a los cimientos que empezaban a cuajar.

Todo sigue condicionado por un handicap insoslayable: Rubén Castro, principio y final del ataque verdiblanco. No es sólo gol, que también, es movimiento inteligente con y sin balón, es jugar y hacer mejores a otros atacantes, a pasadores, es confianza que nutre y se vuelve vital en el equipo, sobre todo en los tramos de zozobra.

Mel reabre su libreto y recuerda que en el pasado todo se agitaba hasta el final, quizás creyó que crecer era otra cosa: rotaciones, pausa, posición, aburrir para arriesgar menos.
Algunos miraban recelosos los cero a cero de este curso en el luminoso y se resignaban, tal vez era esto madurar, una versión 3.0 que gana solidez pasito a paso. Si no se puede ganar, al menos no perdamos. Pero ¿será así? ¿O podría ser que sólo se aspire a ganar en el vértigo? ¿Hasta donde se debe jugar en esa especie de intercambio de golpes azaroso? Alterna pues el Betis, partidos de esto y de aquello, de búsqueda del control posicional y de ataques rápidos y arriesgados.

En la Rosaleda, eso sí, fue excesivo, admitámoslo propios y extraños. Una vez más pudo resultar cara, pero fue tal el despropósito defensivo, que a esa ruleta rusa acudieron con alma suicida.

Una vez más medita Mel qué camino seguir. Hasta ahora, un tramo con más dudas que nunca, con Europa lastrando decisiones y planes, con defensa en cuadro, con prisas por sumar, con lo simbólico del 
derby a la vista…
 
Sobrevivir, Pepe, otra vez sobrevivir.

@davidwences

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