El fútbol es un
mundo dentro de otro mundo. Una metáfora de otro mundo mas grande y
complejo que es el de la vida real. En el fútbol las normas del
mundo real se simplifican y el objetivo es seguir a tu equipo y verlo
ganar frente a otros que son tus enemigos. La adscripción a unos
colores, el sentimiento de pertenencia a una institución sentimental
como puede ser un equipo hace que las semanas en la vida real se
hagan mas llevaderas.
El balompié además
muestra una faceta importante: es fácil. Es fácil su lenguaje, es
fácil saber de fútbol, es fácil tener información y conversar con
cualquiera sobre fútbol. Ejerce la atracción de la tradición y
sirve como punto de unión entre desconocidos.
Sin embargo el
fútbol es un fenómeno humano. Por ello a veces incluye los vicios y
los defectos de los hombres. Aunque quizá la sencillez de sus
paradigmas hagan que sus vicios sean abominables.
El sentimiento de
pertenencia a un grupo, los mensajes simples que dividen el mundo en
buenos y malos y la atávica atracción del hombre por la violencia
hacen del mundo del fútbol el vertedero perfecto para que la basura
social se sienta poderosa. Lo peor de lo humano se hace fuerte a
veces en esto del balompié.
No hace mucho
tiempo cayó en mis manos un reportaje de Jon Sistiaga y Hernan Zin
sobre los barras bravas argentinos. Durante el mismo, entrevistan a
lideres de barras bravas, a la policía o a gente del fútbol que
intenta erradicar esas organizaciones.
El documento es
excepcional. Sentí un escalofrío en la espalda cuando conocí este
fenómeno tan argentino pero que al mismo tiempo es tan universal.
Las barras bravas
funcionan del mismo modo que las mafias. Un líder violento y
autoritario controla a la afición mas radical del equipo. Chantajea
a los directivos y presionan para poner a tal o cual jugador. Usa su
poder pandillero para controlar la reventa de entradas o cobrar para
aparcar en las inmediaciones del estadio. Es un poder que se ejerce
con violencia y que reporta grandes beneficios económicos a los
barras bravas.
La policía
mientras tanto mira a otro lado y los políticos se aprovechan de la
influencia de los barras en la afición.
Es un gran
reportaje. Con momentos donde se vive de primera mano qué es eso de
la violencia en el fútbol. Pero sobre todo es un documento sobre lo
humano, lo que somos.
La clave del asunto
no es que el fútbol genere violencia. No es cierto, genera la misma
violencia que la petanca. Es sólo una actividad mas a la que se
acercan los salvajes del mismo modo que los civilizados.
El fútbol es sólo
una actividad humana más donde sale a relucir lo mejor y lo peor de
nosotros. Las grandes epopeyas y los bajos instintos se mezclan para
convertirnos en una versión de nosotros mismos que se escapa del
difícil mundo real y entrar en el asequible mundo del fútbol.
(os dejo el
documental para que lo disfruteis)
@marianodiazsan

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