Sentado
en el despacho presidencial el viejo sátrapa observa los dominios
del mundo que ha construido con sus propias manos a base de sangre y
fuego. Sus tierras son un país de África y a sus 71 años puede
vanagloriarse de haber sentido la medida exacta de lo que debe sentir
Dios.
Lo ha
probado todo, ha comido los mejores platos y bebido los vinos mas
caros. Ha disfrutado de la belleza de cientos de mujeres y se ha
permitido dar a su familia todo lo que hay en este mundo para que lo
disfruten.
Hace
tiempo que dejó el desgobierno de la nación a otros, a sus leales y
fieles servidores. No se preocupa por las pequeñeces del día a día,
ni siquiera de la pobreza endémica de sus ciudadanos. Es un tirano
cansado que sólo de vez en cuando demuestra su poder.
Sin
embargo el vetusto dictador sigue teniendo una sensación de
incomodidad en las tripas, una ansiedad que no ha quedado satisfecha.
Y todo ello a pesar de su último exceso, autoproclamarse presidente
tras ganar unas elecciones con el 99% de los votos a su favor y
numerosas quejas de manipulación.
Sigue
sintiendo el mono del poder excesivo, sigue teniendo ganas de
demostrar quien manda aquí.
Unos
minutos mas tarde entra en el despacho el asistente de cámara, trae
los periódicos del día. Los deposita en su mesa y con gesto
displicente se retira en silencio.
El
déspota hojea el Marca. Una foto tras otra de jugadores del Madrid y
asuntos de la selección. Vuelve a llamar a su asistente, se le ha
ocurrido una idea.
Unos
meses mas tarde la selección española, campeona del mundo y toda
vestida de rojo se enfrenta a la frágil selección del país del
viejo tirano. Sólo ha costado unos cuantos millones de euros pero el
viejo ha conseguido de nuevo que todo se haga según su deseo.
Toda
una selección campeona del mundo se ha rendido al poder absoluto del
tirano, los mejores jugadores de España en la capital de ese pequeño
país.
De
nuevo, cómo si de una prostituta se tratase, sólo se ha necesitado
un puñado de monedas para satisfacer al sátrapa que demuestra que
España no sólo es el mamporrero de Europa, sino que es el
mamporrero de todo aquel que tenga un par de monedas para pagar sus
servicios.
Mientras
tanto la selección engorda y se hace lenta jugando contra demonios
del pasado, intentando averiguar cómo nos lucirá el pelo cuando
lleguemos a Brasil.
@marianodiazsan
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