Corre
el minuto 31 en el Estadio de los Cármenes de Granada. Un Betis
agonizante ve pasar un balón largo de Ilori, 70 metros recorre el
balón maldito hasta caer en los pies de Piti. Este hace un control
increíble y coloca el balón en el fondo de la red de Adán. Acaba
de darle un tiro en la cabeza a la escuadra verdiblanca, el Betis
jugará el año que viene contra el Mirandés y la Ponferradina.
Un
silencio incómodo ronda la cabeza del beticismo. Los aficionados en
su casa observan con la boca abierta al espigado veinteañero que ha
dado un pase que en el 90% de las ocasiones sólo hubiese servido
para demostrar el cabeceo de los centrales. Sin embargo frente a este
mediobetis todo es posible.
En
ese silencio violento y doloroso surge también la pregunta incómoda,
¿quién ha permitido que Piti reciba sólo ese balón nevado que
cayó del cielo como una maldición bíblica?
Todo
parece indicar que la persona encargada de ocupar el lateral diestro,
o sea Juanfran, no miró hacia atrás para guardarse las espaldas
ante una jugada de ese tipo.
Esta
jugada no sólo empuja al Betis al abismo sino que es también una
metáfora de lo que es el Betis de esta temporada, un club incapaz de
mirar atrás.
Ha
sido incapaz de mirar a su espalda para ver cómo en el pasado el
club se desmoronaba en segunda después de ir a Champions o ganar
Copas del Rey. No ha podido asumir que un club de fútbol no se puede
gestionar confiando en la buena suerte, no es capaz de darse cuenta
que no se ganan partidos en primera con jugadores promesa, sino con
jugadores realidad. De nuevo, la política soberbia del nuevo
innombrable (Jose Antonio Bosch), nos ha llevado a una jugada en que
un jugador promesa no mira atrás, como una eterna metáfora que nos
dibuja el recurrente camino a Segunda División.
@marianodiazsan
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