jueves, 6 de febrero de 2014

El mundial que nunca fué (Patagonia 1942)


He tenido la oportunidad de encontrarme con una de las historias mas hermosas que nunca había leído relacionada con esto del fútbol. Una leyenda que se pierde entre la realidad y la ficción hasta demostrar que, de hecho, eso es lo de menos. A veces no importa que una cosa sucedida sea cierta o no sino mas bien lo que significa.

Corría el año 1942. Europa era un gigantesco campo de batalla donde se dilucidaba el futuro mismo del mundo. Las grandes potencias se enfrentaban contra un ejército alemán que en ese momento se mostraba imbatible.
Mientras tanto, en la Patagonia transandina, se construía la represa de la Barda del Medio. Para colaborar en la obra fueron contratados un buen número de emigrantes europeos. Italianos, españoles o franceses se mezclaban en la remota tierra patagónica con los indios oriundos de aquellas tierras, los mapuches.
En abril, aparece un grupo de ingenieros alemanes que pretendían poner en marcha allí la primera conexión telefónica entre el continente americano y Europa. En sus maletas apareció un balón reglamentario de fútbol.

En Francia, mientras tanto, Jules Rimet (presidente de la Fifa), intenta organizar un mundial de fútbol entre los campos de batalla. A pesar de su esfuerzo el mundial nunca llegó a celebrarse debido al estado lamentable de los países en conflicto. La organizadora debía ser Argentina y hasta allí llegó la decepcionante noticia.

Sin embargo un hombre soñador y avezado, el conde Vladimir Otz, haría todo lo posible por celebrar un mundial en las tierra perdidas de la patagonia para demostrar al mundo que ninguna guerra podría con el deseo de la gente de jugar a fútbol.
Aprovechó la presencia de tantas nacionalidades en la zona con motivo de las obras de la Barda. Los reunió y poco a poco fue alineando a los jugadores en equipos según su nacionalidad.
Había un nutrido grupo de curas polacos en un monasterio cerca del río Limay. Unos españoles que ejercían funciones de almaceneros en las obras junto con ingleses e italianos. Argentinos había por todas partes y también encontró el conde a un grupo de intelectuales franceses.
Sin embargo no contento con esos equipos formó un conjunto de indios guaraníes que representarían a Paraguay y un puñado de mapuches que jugaban para sí mismos porque estaban convencidos de que la copa del trofeo contenía el secreto del poder de los europeos que los habían colonizado.
A todos estos equipos se unió los ingenieros alemanes, con el único objetivo de ganar el torneo y llamar por teléfono a Berlin desde Argentina para dar la buena noticia de que Alemania también había ganado esa batalla de fútbol.
El conde Otz pidió el balón de reglamento a los soberbios teutones y contrató al tipo mas duro de la region de Río Negro para que ejerciese las labores de árbitro. Como no había silbato le permitió parar el juego con un disparo al aire de su revolver.
Con todo dispuesto se dió comienzo a la Copa del Mundo de 1942 celebrada en la Patagonia argentina.

Los grandes favoritos de aquel torneo eran los alemanes. En los pocos meses que llevaban en la zona habían disputado varios partidos con combinados de la comarca, y los ganaron todos con goleadas escandalosas.
Por ello se decidió que Alemania diera comienzo al torneo enfrentándose a la anfitriona Argentina. La victoria germana en el partido fue rotunda, 6-0.
La jornada inaugural se disputó a finales de Agosto y contempló también un partido entre los almaceneros españoles y los salvajes mapuches.
No fue este un torneo al uso. Para poder completar los onces iniciales se tuvo que tirar de gente que jamás había visto un balón. De hecho no se sabía cuales eran las dimensiones exactas de un campo de fútbol, por lo que el Conde de Otz decidió hacer las líneas y las porterías a ojo.
Los partidos se disputaban por la tarde tras la jornada laboral y se prolongaban hasta que los integrantes de los equipos se cansaban o no había público en las gradas.
Según se cuenta por eso los mapuches fueron la primera sorpresa del torneo. No habían visto una pelota nunca, pero estaban acostumbrados a ir a todas partes corriendo y eran capaces de cansar a todos los equipos que se le pusieran por delante. Se enfrentaron en su primer partido a España y los gallegos que jugaban perdieron por un tanteo de 7 a 3.
El torneo fue avanzando a través de las largas tardes de agosto. Un partido tras otro la tensión iba en aumento provocando incidentes entre los participantes. En una ocasión un delantero mapuche sin conocimiento del arte del balompié se introdujo la pelota de reglamento en la camisa y agarró a correr hasta la portería contraria. Los defensores ingleses no conseguían cogerlo y el árbitro se vio forzado a usar su revolver para parar al inconsciente indio.
En aquellas tierras hostiles la violencia estaba a la orden del día. Por ello, conforme fue avanzando el campeonato y se fueron exacerbando los nacionalismos, los gestos feos afloraron.
En un España – Inglaterra el árbitro debió poner fin al partido de modo anticipado porque uno de los delanteros gallegos estaba sangrando abundantemente. Alguien lo había apuñalado en un córner. Se suspendió el partido y se le concedió la victoria a España por compasión con el herido. Unos días mas tarde se supo que el gallego había sido apuñalado por uno de su propio equipo que había aprovechado el lío para saldar una vieja rencilla de naipes. Por tanto la victoria volvió a ser para los ingleses.
Sin embargo el equipo mas violento resultó ser el italiano. Estaba capitaneado por un tal Casciolo. Capitan de barco y putero de leyenda, decidió que debía ganar aquel torneo para prolongar otros cuatro años el dominio del futbol italiano en el mundo, no en vano Italia había ganado los torneos del 34 y el 38.
Los jugadores transalpinos no dudaron en llevar a cabo todas las trampas que estaban en su mano para ganar los partidos. Saltaban al campo con pimienta en los bolsillos para asfixiar a los rivales en los marcajes, llevaban alfileres que no dudaban en usar en los córners y desde luego su juego era tan agresivo que no daban abasto las camillas.
Un día, sin embargo, el aguerrido árbitro se cansó de tanta ruindad y disparó contra Casciolo cuando lo pilló con una pequeña navaja en el campo. El arbitro, de nombre Cassidy, no supo controlar su ira y terminó con el capitán italiano descargando todo el cargador de su pistola. El partido acabó en ese instante e Italia se retiró del torneo.
En este orden de cosas quedaron los alemanes y los cansinos mapuches para disputar la final. Los soberbios alemanes estaban tan seguros de su victoria que incluso comenzaron a celebrarlo por las tabernas y los prostíbulos.
Alguno cometió el error infame de telegrafiar a casa diciendo que acababa de ganar la Copa del Mundo de fútbol.
Llegó el día de la final y los mapuches aparecieron serios y serenos. Estaban convencidos de que aquel trofeo de chapón dorado que guardaba el conde de Otz con tanto esmero debía de guardar la esencia misma del poder de aquellos europeos que estaban transformando la Patagonia. Por ello se disponían a ganar el torneo para quedarse con la propiedad de la copa.
Era domingo, un domingo gris de septiembre cuando el temido Cassidy dió inicio al partido.
A lo lejos, uno de los alemanes, divisó en un promontorio a un grupo de mujeres mapuches ejecutando una extraña danza. Al poco una lluvia recia y dura apareció y no paró hasta terminar el partido. El campo pronto se embarró y resultó imposible controlar la pelota o realizar alguna jugada con sentido. Sin embargo los mapuches tiraron de su paciencia y su físico. En los últimos estertores del encuentro, cuando todo abocaba a los penalties, un indio menudo se coló por entre los defensas bávaros y marcó un gol que daría el título a los mapuches.
Los alemanes estaban hundidos. Su orgullo de pais invencible se había ido al traste. Se habían dejado vencer por aquellos salvajes desarrapados de raza inferior.
Mientras tanto los mapuches celebraron el título con danzas y bailes. Corrieron hacia el promontorio donde estaban sus mujeres con la copa en la mano y nunca mas volvieron a jugar a fútbol. Quizá porque descubrieron que en el fondo de aquella copa de latón no había nada, no se encontraba el secreto de ningún poder fantástico.

@marianodiazsan

(Debo esta historia a otros muchos que la han contado antes que yo, pero en particular a Osvaldo Soriano)

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