He
tenido la oportunidad de encontrarme con una de las historias mas
hermosas que nunca había leído relacionada con esto del fútbol.
Una leyenda que se pierde entre la realidad y la ficción hasta
demostrar que, de hecho, eso es lo de menos. A veces no importa que
una cosa sucedida sea cierta o no sino mas bien lo que significa.
Corría
el año 1942. Europa era un gigantesco campo de batalla donde se
dilucidaba el futuro mismo del mundo. Las grandes potencias se
enfrentaban contra un ejército alemán que en ese momento se
mostraba imbatible.
Mientras
tanto, en la Patagonia transandina, se construía la represa de la
Barda del Medio. Para colaborar en la obra fueron contratados un buen
número de emigrantes europeos. Italianos, españoles o franceses se
mezclaban en la remota tierra patagónica con los indios oriundos de
aquellas tierras, los mapuches.
En
abril, aparece un grupo de ingenieros alemanes que pretendían poner
en marcha allí la primera conexión telefónica entre el continente
americano y Europa. En sus maletas apareció un balón reglamentario
de fútbol.
En
Francia, mientras tanto, Jules Rimet (presidente de la Fifa), intenta
organizar un mundial de fútbol entre los campos de batalla. A pesar
de su esfuerzo el mundial nunca llegó a celebrarse debido al estado
lamentable de los países en conflicto. La organizadora debía ser
Argentina y hasta allí llegó la decepcionante noticia.
Sin
embargo un hombre soñador y avezado, el conde Vladimir Otz, haría
todo lo posible por celebrar un mundial en las tierra perdidas de la
patagonia para demostrar al mundo que ninguna guerra podría con el
deseo de la gente de jugar a fútbol.
Aprovechó
la presencia de tantas nacionalidades en la zona con motivo de las
obras de la Barda. Los reunió y poco a poco fue alineando a los
jugadores en equipos según su nacionalidad.
Había
un nutrido grupo de curas polacos en un monasterio cerca del río
Limay. Unos españoles que ejercían funciones de almaceneros en las
obras junto con ingleses e italianos. Argentinos había por todas
partes y también encontró el conde a un grupo de intelectuales
franceses.
Sin
embargo no contento con esos equipos formó un conjunto de indios
guaraníes que representarían a Paraguay y un puñado de mapuches
que jugaban para sí mismos porque estaban convencidos de que la copa
del trofeo contenía el secreto del poder de los europeos que los
habían colonizado.
A
todos estos equipos se unió los ingenieros alemanes, con el único
objetivo de ganar el torneo y llamar por teléfono a Berlin desde
Argentina para dar la buena noticia de que Alemania también había
ganado esa batalla de fútbol.
El
conde Otz pidió el balón de reglamento a los soberbios teutones y
contrató al tipo mas duro de la region de Río Negro para que
ejerciese las labores de árbitro. Como no había silbato le permitió
parar el juego con un disparo al aire de su revolver.
Con
todo dispuesto se dió comienzo a la Copa del Mundo de 1942 celebrada
en la Patagonia argentina.
Los
grandes favoritos de aquel torneo eran los alemanes. En los pocos
meses que llevaban en la zona habían disputado varios partidos con
combinados de la comarca, y los ganaron todos con goleadas
escandalosas.
Por
ello se decidió que Alemania diera comienzo al torneo enfrentándose
a la anfitriona Argentina. La victoria germana en el partido fue
rotunda, 6-0.
La
jornada inaugural se disputó a finales de Agosto y contempló
también un partido entre los almaceneros españoles y los salvajes
mapuches.
No fue
este un torneo al uso. Para poder completar los onces iniciales se
tuvo que tirar de gente que jamás había visto un balón. De hecho
no se sabía cuales eran las dimensiones exactas de un campo de
fútbol, por lo que el Conde de Otz decidió hacer las líneas y las
porterías a ojo.
Los
partidos se disputaban por la tarde tras la jornada laboral y se
prolongaban hasta que los integrantes de los equipos se cansaban o no
había público en las gradas.
Según
se cuenta por eso los mapuches fueron la primera sorpresa del torneo.
No habían visto una pelota nunca, pero estaban acostumbrados a ir a
todas partes corriendo y eran capaces de cansar a todos los equipos
que se le pusieran por delante. Se enfrentaron en su primer partido
a España y los gallegos que jugaban perdieron por un tanteo de 7 a
3.
El
torneo fue avanzando a través de las largas tardes de agosto. Un
partido tras otro la tensión iba en aumento provocando incidentes
entre los participantes. En una ocasión un delantero mapuche sin
conocimiento del arte del balompié se introdujo la pelota de
reglamento en la camisa y agarró a correr hasta la portería
contraria. Los defensores ingleses no conseguían cogerlo y el
árbitro se vio forzado a usar su revolver para parar al inconsciente
indio.
En
aquellas tierras hostiles la violencia estaba a la orden del día.
Por ello, conforme fue avanzando el campeonato y se fueron
exacerbando los nacionalismos, los gestos feos afloraron.
En un
España – Inglaterra el árbitro debió poner fin al partido de
modo anticipado porque uno de los delanteros gallegos estaba
sangrando abundantemente. Alguien lo había apuñalado en un córner.
Se suspendió el partido y se le concedió la victoria a España por
compasión con el herido. Unos días mas tarde se supo que el gallego
había sido apuñalado por uno de su propio equipo que había
aprovechado el lío para saldar una vieja rencilla de naipes. Por
tanto la victoria volvió a ser para los ingleses.
Sin
embargo el equipo mas violento resultó ser el italiano. Estaba
capitaneado por un tal Casciolo. Capitan de barco y putero de
leyenda, decidió que debía ganar aquel torneo para prolongar otros
cuatro años el dominio del futbol italiano en el mundo, no en vano
Italia había ganado los torneos del 34 y el 38.
Los
jugadores transalpinos no dudaron en llevar a cabo todas las trampas
que estaban en su mano para ganar los partidos. Saltaban al campo con
pimienta en los bolsillos para asfixiar a los rivales en los
marcajes, llevaban alfileres que no dudaban en usar en los córners y
desde luego su juego era tan agresivo que no daban abasto las
camillas.
Un
día, sin embargo, el aguerrido árbitro se cansó de tanta ruindad y
disparó contra Casciolo cuando lo pilló con una pequeña navaja en
el campo. El arbitro, de nombre Cassidy, no supo controlar su ira y
terminó con el capitán italiano descargando todo el cargador de su
pistola. El partido acabó en ese instante e Italia se retiró del
torneo.
En
este orden de cosas quedaron los alemanes y los cansinos mapuches
para disputar la final. Los soberbios alemanes estaban tan seguros de
su victoria que incluso comenzaron a celebrarlo por las tabernas y
los prostíbulos.
Alguno
cometió el error infame de telegrafiar a casa diciendo que acababa
de ganar la Copa del Mundo de fútbol.
Llegó
el día de la final y los mapuches aparecieron serios y serenos.
Estaban convencidos de que aquel trofeo de chapón dorado que
guardaba el conde de Otz con tanto esmero debía de guardar la
esencia misma del poder de aquellos europeos que estaban
transformando la Patagonia. Por ello se disponían a ganar el torneo
para quedarse con la propiedad de la copa.
Era
domingo, un domingo gris de septiembre cuando el temido Cassidy dió
inicio al partido.
A lo
lejos, uno de los alemanes, divisó en un promontorio a un grupo de
mujeres mapuches ejecutando una extraña danza. Al poco una lluvia
recia y dura apareció y no paró hasta terminar el partido. El campo
pronto se embarró y resultó imposible controlar la pelota o
realizar alguna jugada con sentido. Sin embargo los mapuches tiraron
de su paciencia y su físico. En los últimos estertores del
encuentro, cuando todo abocaba a los penalties, un indio menudo se
coló por entre los defensas bávaros y marcó un gol que daría el
título a los mapuches.
Los
alemanes estaban hundidos. Su orgullo de pais invencible se había
ido al traste. Se habían dejado vencer por aquellos salvajes
desarrapados de raza inferior.
Mientras
tanto los mapuches celebraron el título con danzas y bailes.
Corrieron hacia el promontorio donde estaban sus mujeres con la copa
en la mano y nunca mas volvieron a jugar a fútbol. Quizá porque
descubrieron que en el fondo de aquella copa de latón no había
nada, no se encontraba el secreto de ningún poder fantástico.
@marianodiazsan
(Debo
esta historia a otros muchos que la han contado antes que yo, pero en
particular a Osvaldo Soriano)
No hay comentarios:
Publicar un comentario