Siempre he admirado la figura del entrenador, es una profesión en
la que, como aficionado, si pudiera, emplearía algo de mi tiempo
futuro, aunque obviamente necesito la formación necesaria.
Reconozco que de más joven, consideraba que la inmensa mayoría de
las cuestiones importantes eran tácticas, que el conocimiento del
juego priorizaba a cualquier otro aspecto profesional o personal en
la plantilla. Con el tiempo descubres el trecho que va desde lo
teórico a lo práctico, la influencia que tienen las personas, su
estado de ánimo, la confianza que depositan en ellos mismos y en la
figura del mister para tener buenos resultados.
Recordamos por ejemplo, la figura de Mourihno en el Real Madrid,
donde había llegado con un estatus privilegiado, habiendo ganado
como el que más, y sin embargo, se enfrentó a los más clásicos
problemas de vestuario, los mismos que en cualquier equipo de
regional, salvadas las distancias. Es cierto que no es la mano
izquierda una cualidad del portugués, pero vimos que tomando la
decisión, técnicamente lícita, de hacer suplente al capitán y
uno de los pesos pesados del vestuario, éste se fracturó, fue
indisimulable, y quién sabe qué significó esto en cuanto al
rendimiento del equipo.
Martino si nos fijamos, se encuentra en situación todavía más
complicada. Viene con la sensación de provisionalidad de un año de
contrato, cobrando menos que cualquiera en el equipo y sin tener
curriculum que le acredite en el viejo continente. Así se enfrenta a
un vestuario donde el que menos lo ha ganado casi todo. Así tiene
que decidir entre viejas jerarquías y méritos renovados, con la
sensación de que un paso en falso pondría el vestuario en contra y
nadie lo seguiría.
”Hay que alinear a los mejores”. Soy de los primeros que me
declaraba partidario incondicional de ese principio. Pero si
arriesgas la armonía, la cohesión, la confianza que tiene en ti el
equipo, ¿tendría sentido perder algo de nivel por una idea más
global? ¿Vale la pena sacrificar algún mérito por mantener la
unión del grupo? La respuesta no existe o desde luego, no es
definitiva. Seguramente, no son posibles las decisiones drásticas
hasta que percibes la seguridad de que creen en ti, de que
definitivamente te siguen. Mientras tanto, una tensa transición
donde siempre, la fuerza, está en los resultados.
@davidwences
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