En las lecturas de crónicas
futbolísticas, en los análisis más o menos exhaustivos de expertos
en la materia, en las tertulias más o menos aceptables donde se
contrastan opiniones, se cae casi siempre en la misma sistemática
fragmentación del tiempo, de los equipos, la individualización
exagerada de las victorias y las derrotas.
Es frecuente, no hay duda, pero me
atrevo a marcar un poco de distancia y apostar por la comprensión
del conjunto total, concluir en la idoneidad de no juzgar casi nada
por partes. Partido: dos equipos y 90 minutos. Por supuesto que no
se puede hablar de igual aportación individual, pero es imposible
saber cuánta individual, se ve influenciada directa o indirectamente
por la colectiva. Se habla de sustituciones que cambian el partido,
pero la aportación del que entra no se puede desligar de lo que hizo
bien o mal el sustituido, aunque sólo sea por la distinta inercia
táctica que provocó en el rival.
Cuando hablamos de que en un momento
determinado cambia el partido y se alterna el dominio, es porque el
entrenador o el jugador cambia sustancialmente algún aspecto de su
juego, pero primero siempre ha tenido que advertir lo erróneo y así
cada momento está ligado al anterior en el análisis certero.
No podemos argüir alegremente “si
hubiera hecho antes ese cambio...” Imposible saber si el tiempo que
tuvo fue el único en el que pudo resultar sorpresivo, o si en un
periodo más amplio hubiese sido negativo por la acertada respuesta
del rival, etc., etc. El partido se dio así, y no hay nada que
asegure, por más evidente que parezca, lo que hubiera pasado si…
@davidwences
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