La liga española es una
dualidad alterada. Una suerte de guerra fría de armamento pesado que
no sirve para nada, de cientos de millones gastados para demostrar
que tú también puedes fichar a los mejores.
Desde el punto de vista
del marketing es fácil vender un producto (la liga) cómo si se
tratase de una historia de buenos y malos. El bien contra el mal
siempre ha sido un discurso simple y evocador que te permite vender
camisetas. En este caso escojan ustedes si el bueno es el Madrid o el
Barça y disfruten de un año de discusiones sobre la preeminencia
del bien sobre el mal y la injusticia del mundo.
Sin embargo en esta
especie de guerra de las galaxias me llama más la atención el
papel de los ayudantes necesarios en toda acción dramática.
Aquellos sin los cuales no tendríamos historia porque se convertiría
en una pelea eterna entre el bueno y el malo, entre Luke Skywalker y
Darth Vader. La riqueza dramática de las historias de buenos y malos
las aportan los personajes que acompañan a los protagonistas.
En el fútbol español
equipos cómo Real Sociedad, Athletic de Bilbao y sobre todo Atlético
de Madrid están aportando fútbol de verdad. De ese que se cansa
para ganar 1-0 , del que se esfuerza por desplegar un juego vistoso y
efectivo, del que quiere ser protagonista.
Es cierto que el fútbol
español es una dicotomía enferma, pero hay otra liga. La liga que
comienza del tercero para abajo dónde se dirimen las virtudes reales
del balompié, las que lo han convertido en una competición hermosa
y evocadora. En esa otra liga los personajes no son planos, son
complejos y a veces fallan. Pero es imposible no sentir que el
auténtico campeón moral de la pasada temporada fue el Atlético de
Madrid y que su esfuerzo esta temporada le está convirtiendo en ese
otro campeón.
El líder de esos
personajes secundarios, el comienzo de una liga de verdad.
@marianodiazsan
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